¿Una espiritualidad para nuestro tiempo?

Treinta años después de la publicación del folleto de Figari Una espiritualidad para nuestro tiempo surgen algunas preguntas sobre la coherencia de aquellos lineamientos para entender el surgimiento de un nuevo camino para vivir la fe en la Iglesia Católica.

Recordemos que el SCV nace en 1971 y los problemas con la jerarquía de la Iglesia empiezan poco tiempo después de aquel 8 de diciembre de 1971 en que este grupete de jóvenes inicia un nuevo movimiento o forma de vida cristiana. Además de estos “roces” eclesiales surgen “incomprensiones” por parte de varias familias limeñas que veían a sus hijos alejarse de ellos en nombre de Cristo y para vivir la “radicalidad” del Evangelio. Asimismo, durante los 80 ya hay en el SCV escándalos por malas conductas sexuales de alguno de sus principales miembros, de la llamada primera generación de sodálites.

Los abusos sexuales cometidos son denunciados por las víctimas a Figari mismo y este no hace nada al respecto hasta que intervienen otros miembros de la incipiente “jerarquía” sodálite formada por Godoko, Juauvú, Jubugu, Auguru y alguno más. En realidad, es la intervención de Godoko lo que finamente permite que el abusador sea “apartado” del SCV en 1987. Se afirma en ese entonces que se trataba de un hecho aislado; sin embargo, se sabe que Figari y otros cometieron abusos, por lo cual, aquello dejó de ser un hecho aislado para pasar a ser una suerte de modus operandi de un grupo de discípulos de Figari. ¿Quiénes? ¿Cuántos? Por ahora, solo Dios sabe. Diríamos que “son pocos, pero son” y añadiríamos que son suficientes como para sospechar que algo anda mal dentro del SCV.

Regresando a los 30 años de Una espiritualidad para nuestro tiempo, prestemos atención a esto:

Toda espiritualidad concreta surge cultural e históricamente situada. Sin embargo, cabe resaltar que no es determinada por esa situación, pues su impulso es la fidelidad al Señor y a su Plan.

En solo estas líneas encontramos serias incoherencias con respecto a lo que es el SCV y lo que realmente es una espiritualidad entendida como una experiencia del Espíritu particular o grupal. En el caso de Figari no existe tal “experiencia religiosa” puesto que el SCV es inventado por él en su mente narcisista con el fin de saciar sus desordenados anhelos, usando la espiritualidad marianista para crear un sistema de ideas —ideología— lo suficientemente coherente como para que se lo “compren” sus discípulos entusiasmados con la idea de “cambiar el mundo”. Con el paso del tiempo se va adaptando a las circunstancias y hace cambios a esta ideología para que sea potable dentro de las exigencias de la Iglesia para los procesos de aprobación diocesana y pontificia.

Podríamos pensar que es imposible que alguien sea tan caradura como para hacer pasar su creación mental por algo venido de Dios; sin embargo, sí es posible, recuerden que Figari inició la causa de Godoko sabiendo que no era ningún santo. Tengamos en cuenta que Figari está enfermo de poder y quería a toda costa tener un santo en el SCV porque de esa manera se perpetuaba la “santidad” del SCV.

Me encantaría decirles a todos que el SCV es una espiritualidad, pero, lo siento, no lo es. No nace de una experiencia de Dios y está totalmente “determinada por la situación”. Tampoco tiene un impulso hacia Dios sino hacia la más intramundana sed de poder, placer y dinero. Nunca vi a Figari realmente trabajar, su “trabajo intelectual” era esporádico y caprichoso, vivía del trabajo de los demás sodálites, y vivía muy bien.

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