Reflexión sobre el carisma. Fovoco 2013

En octubre de 2013 Fovoco hace un ensayo por dilucidar cuál es el carisma del Sodalicio. El momento es importante, Figari ya no está al mando del SCV —por lo menos no formalmente— y Semelle tiene casi un año como superior general. La cúpula sodálite ya tiene encima el problema de los abusos sexuales del fundador y saben que Mitad monjes, mitad soldados está en camino y no pueden detener su llegada a pesar de los intentos que hacen. La bomba de Salinas y Ugaz caerá inevitablemente y removerá el SCV.

Fovoco delimita su reflexión en torno a tres parámetros:

el carisma como acción de Dios; el carisma como efecto de esa acción en una persona o grupo de personas; y el carisma como fruto visible de la cooperación entre la acción divina y la humana.

A este discípulo de Figari no se le conocen reflexiones semejantes ni algún intento de reflexión filosófica o teológica, sin embargo, sus esfuerzos parecen sinceros a pesar de estar enmarcados en la misma bibliografía que usa Figari e inclusive utiliza textos del “fundador”, incluso una de las “memorias” —Desarrollando un estilo. Memoria 1986—, lo cual llama la atención pues las memorias de Figari, para ese entonces, ya estaban desterradas de las bibliotecas de muchos sodálites.

Llama la atención, además, el hecho de que Figari había sido “renunciado” por tres de los más poderosos discípulos amados, ante el peligro de que el “barco” del SCV se hunda en las brumosas aguas de la corrupción moral del “fundador”. Sin embargo, Fovoco hace el esfuerzo —obviamente, bajo la atenta mirada de Semelle y otros— de rescatar el pensamiento de Figari, ¿nadie le aviso acaso el motivo por el cual el fundador renunció a su puesto de superior general?, ¿no hay comunicación entre Jubugu y Fovoco? En fin, el asunto es que el SCV seguía aferrado a la ideología de Figari, ¿será porque no les quedaba otra alternativa?

La dependencia del texto de Fovoco en relación a la ideología de Figari es radical y la consideración de este personaje como fundador es absoluta. A pesar de esta claridad, luego de la publicación de Mitad monjes, mitad soldados la oscuridad cae al SCV y sus “maestros espirituales” caen en el silencio y el desconcierto. El intento de levantar la figura de Figari —como fundador— se viene abajo.

Este proceso de “elevación” de la figura de un pseudo fundador es curiosamente semejante al proceso de “elevación” de la figura de Godoko, un pseudo santo, un buen hombre pecador como muchos pero no un santo, como califica la Iglesia a quien es modelo de virtudes cristianas en grado heróico.

Esta repetición de un patrón propio de Figari y de su estilo egocéntrico y manipulador, donde el fin justifica los medios, y el fin es la exaltación de su ego narcisista y enfermo, manifiesta un estilo marcado en el gobierno y la dirección del rumbo del SCV a través de la historia. La manera como se ha manejado el periodo de atención a las víctimas y reparaciones desde fines del 2016 hasta hoy, también cumple con el mismo patrón figuereano, alejado de la virtud humana y de los valores cristianos.

¿Realmente es posible hablar de un carisma sodálite recibido por Figari? Se habla que Dios se vale de personas pecadoras para hacer su voluntad, de vasos de barro, de personas frágiles, pero, ¿qué decir de un hombre enfermo que es incapaz de honradez, humildad, verdad, caridad, etc.? No juzgo a Figari, no me toca, sin embargo, no hay en él un carisma fundacional, porque ni siquiera es un fundador realmente, porque el carisma fundacional —si se quiere reconocer la existencia de algo así en el SCV— era la espiritualidad marianista, tal cual la concibió Chaminade, y Figari la alteró a su antojo, y fue acomodando a lo largo del tiempo la ideología de acuerdo a lo que la circunstancia demandaba, lo cual es muy diferente a un proceso de desarrollo de un carisma. Tampoco se reconoce en Figari una experiencia de Dios que marque un hito y signifique la recepción de un don del Espíritu Santo que alimente una espiritualidad diferente para la Iglesia. Además, recuerden que Figari mismo le corta las alas a la emotividad del corazón humano y cancela su participación en la experiencia de oración interior, quebrando uno de los pilares de la oración interior marianista, y poniendo freno a la experiencia mística de encuentro con Dios.

La concepción del hombre quebrado —sin sentimientos— que es propia de Figari, es el depósito agujereado donde todo lo que entra se pierde y no puede ser contenido. Una experiencia de Dios no podría habitar en este envase vacío, pues Dios aunque pueda apelar privilegiando la mente, el corazón o la acción, no deja de cubrir al hombre integral y, lamentablemente, Figari tiene una comprensión de un hombre quebrado, cojo, cerrado y que se tropieza constantemente con el complejo mundo de la culpa, aquella que torturaba la mente del fundador y de Godoko —el cual expresaba la amargura de su culpa en sus poemas—, aquella que transmitían en sus prédicas algunos sacerdotes y que alimentaban muchos de los jóvenes e inexpertos “directores espirituales” del SCV.

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