La correspondencia del “fundador”

El 8 de julio de 2011, el SCV celebró un año más de la aprobación pontificia y Figari —desde Roma— escribió a sus “hijos espirituales” la siguiente carta:

Aprovecho esta fecha significativa para saludarte y felicitarte por el Aniversario de la aprobación pontificia de nuestro Sodalitium, que hemos celebrado hoy con gran alegría.

Como acción de gracias fuimos con algunos hermanos al Santuario de Nuestra Señora del Divino Amor, que queda cerca de Roma, donde se conserva una antiquísima imagen de la Virgen, sentada en un trono con el Niño Jesús en brazos y con la paloma descendiente sobre ella como el símbolo del Espíritu Santo, que es el Divino Amor.

El P. José celebró la Santa Misa en la capilla (antigua) donde está la imagen y las paredes se encuentran cubiertas de exvotos.

Tuvimos así el gozo de estar en un santuario mariano, dicen que el principal de toda esta zona de Italia, en una fiesta en nuestros corazones marianos, en los que vibra de manera especial con ardor honrar a la Virgen y ayudar a la evangelización del mundo.

Que Dios te conceda todas las gracias que te sean necesarias para recorrer fiel y lealmente el camino que lleva hacia la santidad plena. Me encomiendo a tus oraciones.

En Cristo y Santa María,
LF

Estas palabras del “fundador” fueron enviadas a un poco más de 250 personas entre sodálites, fraternas y siervas, y no tiene nada significativo en sí misma. Sin embargo, la fecha en la que fue escrita es importante. Se trata de un 8 de julio de 2011, 7 meses después de que dejara el poder —como superior general— absoluto, aduciendo graves problemas de salud. En este tiempo ya estaba lo suficientemente recuperado como para estar paseando en Italia y aun no había empezado el camino de penitencia y reflexión que iniciaría luego de la publicación de Mitad monjes, mitad soldados (2015).

¿Acaso no sabía Figari lo que se le venía a él y al SCV? Claro que lo sabía, él y sus discípulos amados, mas la soberbia de pensar que nada pasaría, que podrían parar la publicación del libro de Salinas y Ugaz y que salvarían la figura del fundador a toda costa, impidió que se hiciera algo proporcional al terrible drama moral que ocasionó la forzada renuncia de Figari.

A este paseo romano, la visita a un santuario mariano para rezar en comunidad por el SCV y las palabras del fundador, se suma el escrito de Fovoco sobre el carisma. ¡Qué necedad! ¡Qué oscuridad! ¿Por qué quienes sabían las verdaderas causas de la renuncia de Figari guardaron silencio y se hicieron cómplices de un engaño más a los sodálites, los miembros de la “familia sodálite” y a la Iglesia entera? ¿Qué fue lo que no calcularon?

Figari, por su parte, no podía dejar de marcar su presencia entre aquellos que consideraba importantes para mantener su influencia. Esta carta enviada a un grupo de 250 es una de muchas comunicaciones que mantenía el fundador, incluso en su tiempo de “retiro”. A veces eran solo unas palabras a través de WhatsApp o Viber o lo que en el momento le provocara usar, las que trataban de manipular a distancia al receptor su inspiración.

Semelle pasa de condonar una publicación como la de Fovoco en 2013 a condenar públicamente a Figari y declararlo persona non grata para el SCV, sin tomar —desde el principio— medidas punitivas contra el fundador, pues hasta mantuvo a sus fieles sirvientes por mucho tiempo más.

Figari, en su caída, arrastra a quienes fueron cómplices silenciosos de sus abusos y maltratos, poniendo además en cuestión el sentido último del SCV que surge —como lo que es hoy— con él, desviándose de las intenciones originales de vivir la espiritualidad marianista.

Agregue un comentario

A %d blogueros les gusta esto: