El SCV ¿una secta?

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El gobierno de la SCV pasa del “triunvirato” originario de los años 70 a la estructura piramidal de Figari de los 80. Los primeros años de la SCV la organización se fundamenta en la experiencia marianista y prioriza la vivencia del carisma espiritual antes que intereses o anhelos personales. Sin embargo, al desarticularse el triunvirato y ante el apartamiento del padre Haby que ello implica, la institución empieza a tomar nuevos rumbos, dirigida por el único que mantiene el poder y un proyecto personal que busca instaurar.

Puede situarse en este momento el inicio de una experiencia de sectarización, pues se abandona el carisma de los marianistas —que se había asumido— y empiezan a brotar las características propias de una secta que, según Martín Artieda, del portal Catholic Link —iniciativa del SCV— son:

fanatismo, intransigencia, rigorismo, victimización institucional, egocentrismo, triunfalismo, idealización de las autoridades, voluntarismo… y la lista podría continuar.

Estas características generales —perfectamente aplicables al SCV de Figari— se manifiestan en ciertos síntomas —Artieda describe 11—, de los cuales, a mi juicio, destaca la respuesta sintomática frente a la crítica:

En mi opinión el modo de reaccionar de una comunidad ante las críticas externas e internas es un gran termómetro que mide y regula el nivel de sectarismo. ¿La comunidad es capaz de hacer una auto-crítica? ¿Disentir está permitido y las opiniones contrarias u objeciones a ciertas prácticas son escuchadas y tomadas en cuenta? ¿O se aplica la lógica de blancos y negros donde quienes están en desacuerdo son tachados automáticamente de “comunistas”, “progresistas”, “enfermos”, “loquitos” o “acomplejados”?

Si usamos este termómetro, el SCV todavía mantiene una actitud sectaria en grado muy alto, pues sus autoridades, encabezadas por Semelle, por ejemplo, reaccionaron de una manera lamentable frente al informe final de la Comisión de Ética para la Justicia y la Reconciliación, descalificando el trabajo serio de personas intachables y probas, tan solo porque este informe señalaba “solo lo negativo y no mostraba las cosas positivas del SCV”, a lo cual se sumaron muchos emevecistas y amigos de esta “familia espiritual” manifestando a gritos actitudes fanáticas en las redes sociales.

Luego de aquel episodio frente al informe de la Comisión se han manifestado otros síntomas de esta enfermedad —sectarismo— cuando el Congreso de la República intentó formar una comisión investigadora del SCV porque, según narran algunos congresistas, vieron en los pasillos del Congreso a representantes de aquella institución realizando labores de adoctrinamiento —en especial con congresistas fujimoristas— que se centraban en el mantra “si se arma una comisión, se ataca al SCV y si se ataca al SCV se ataca a la Iglesia, ergo, no se debe formar ninguna comisión” —repítase a discreción—.

La SCV marianista muere con Figari y nace la secta SCV con disfraz mariano cristocéntrico, eclesialidad de la comunión, teología de la reconciliación, etc.

En fin, la estructura piramidal del SCV —sobre la cual tratará el siguiente post— permite que el sectarismo se contagie con facilidad, mas no es permeable a una vacuna efectiva, por lo menos no se ha inventado aún. Aunque Dios pueda hacer milagros, los hombres no los hacen.

Consulta:

https://catholic-link.com/10-sintomas-de-que-tu-comunidad-se-esta-enfermando-de-sectarismo/

https://www.aciprensa.com/sectas/criteriossecta.htm#b

 

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