El poder mental de Figari: los ésper

Related imageFigari alimentó su mente con abundantes lecturas parapsicológicas que reflejaban su interés por lo paranormal, particularmente lo relacionado con el poder mental de sugestión y control, hipnosis, telequinesis, leer la mente a través del ojo o de la conexión mente-mente. Todas estas cosas, que nada tienen que ver con la fe cristiana y que denotan una inquietud por lo desconocido y oscuro de la mente humana, eran parte del vocabulario cotidiano de Figari entre sus discípulos y sirvientes.

El “fundador” se ufanaba de haber “entrenado” a varios discípulos y jóvenes que en algún momento se acercaron a él en las oscuras artes del manejo energético y del poder mental. Hasta afirmaba haber logrado abrir su tercer ojo:

El Tercer ojo (también conocido como el ojo interno) es un concepto místico y esotérico que hace referencia a un ojo invisible o vórtice energético y etérico que proporcionaría una percepción más allá de lo que se podría percibir con la vista ordinaria (Wikipedia).

Como deben imaginar, esta doctrina del “tercer ojo” está presente en varias culturas, pero, definitivamente, no tiene nada que ver con el cristianismo y se contrapone a él al ser una búsqueda de poder sobrehumano con afán de dominación de la realidad y de los demás.

Este afán por lo esotérico era sintomático en Figari , en cuanto que expresaba su ego narcisista extremo. Sus prácticas y experiencias paranormales —no espirituales, ni de Dios, ni místicas, de las cuales jamás habló Figari — eran causa de un orgullo desordenado que inflaba un ego enfermo y sediento de poder.

No es de extrañar que Figari pusiera en práctica esas mismas técnicas en sus discípulos más cercanos y, claro está, en sus sirvientes. El vocabulario usado por Figari , fue creado por su imaginación y alimentado por la ingente cantidad de películas y literatura devorada por su morbosa curiosidad de lo esotérico, usó el término “ésper” (a person who has extrasensorial perception) para designar a las personas que tenían el don que el proclamaba tener.

Las más grandes frustraciones de Figari estaban en no darse cuenta de las cosas que pasaban con algunos sodálites que lo engañaron. Se sentía débil si constataba su error con alguna apreciación o intuición sobre la realidad de otro sujeto.

En cuanto a mí, uno de los motivos por los cuales me escogió para estar cerca suyo es que él consideraba que yo era un ésper poderoso, aunque se abstuvo de entrenarme, felizmente. Buscaba rodearse de sirvientes ésper porque así se sentía mejor, más comprendido, de acuerdo al criterio “GCU” (gente como uno). Lo que no imagina Figari es que yo aprendía a engañarlo y lo hacía cotidianamente, como un mecanismo de defensa.

Lamento decirles que este es Figari , el que fue superior general del SCV durante tantos años, se preparó para ser un dictador, un tirano, un gurú o cualquier otra cosa que se les ocurra, mas no para ser un santo o un maestro espiritual. Esto no es un hecho de los primeros años, sino que es el mismo Figari que dejó el poder frente a la evidencia de su inmoralidad.

Es el mismo Figari que impactó a no pocas personas con sus recursos oratorios y enardecidos discursos sobre la fe y la piedad mariana —muchas veces reescritos por sus secretarios—. Sin embargo, es un viejo zorro que engatusaba con su expresión de inocencia y fragilidad, con su pinta de “gordito simpaticón”, mas, lo aseguro, si en algo era maestro, era en el arte de la actuación pues su hipocresía solo era superada por su gigantesco ego.

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